Adiós a Matías

Hoy no es un día cualquiera, estoy algo triste y he decidido comentarlo con vosotros.

El martes dimos el último adiós a un amigo, se llamaba Matías, y era una persona que llegaba al corazón de la gente que le conocía. No era especialmente gracioso, ni hablaba demasiado pero tenia algo que hacía que todo el mundo le quisiera. Así se demostró en el emotivo adiós de su despedida.

Tenia el corazón muy grande, yo no soy médico pero creo que de tan grande no le cupo en el pecho. Los doctores tendrán otra teoría, seguramente no tan científica como esta.

Todavía le veo en la peña, en fiestas, como le gustaba disfrutar de esos ratos en cuadrilla, de canciones y de risas, de meriendas y cervezas, de pimientos y jamón, de San Miguel y más.

No me vienen las palabras, pero si los recuerdos, y los sentimientos de dolor y añoranza ante un amigo que ya no compartiremos, o no como antes.

Que rápido cambia la vida y que ingenuamente nos creemos fuertes. No hay fuerza en el cuerpo, sólo en la amistad que puedas tener, en la gente que te saluda, en las conversaciones banales de pasar el rato, en los que te recuerdan cuando no estás. Matías era muy fuerte entonces, pero su tamaño no le acompañó.
Poco cuerpo para tanto corazón.

A Matías.


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